
Ha abierto las puertas de su armario y ha elegido su mejor traje para la ceremonia de premiación. No podía pasar desapercibido en esta ocasión. Recibir el premio Nobel de las Letras Hispanas de Nicanor Parra sería un gran acontecimiento para él. “No puedo dejar mal al abuelo, es su gran día”, decía dentro de sí Cristóbal.
Llegó el momento, y empezó a caminar un poco nervioso. Decidió leer el discurso a la altura de los invitados, no quiso subir al púlpito. Cristóbal le tenía mucho respeto a su abuelo, y más aún, a sus escritos. Ese día llevaba entre sus manos los papeles que contenían los pensamientos de Nicanor, aquellos que acababa de recibir, pues lo había dejado hace unas horas en su casa de Las Cruces, en la costa de Chile, empapado de más papeles.
- "¿Se considera usted acreedor al Premio Cervantes?". "Claro que sí". ¿Y por qué?". "Por el libro que estoy por escribir".
Parado en el Auditorio de la Universidad de Alcalá de Henares, Cristóbal pronunció unas palabras de agradecimiento de su abuelo por la concesión del Premio Cervantes y lo recibió de las manos del Príncipe de Asturias, quien valoró la figura de Parra como un "espíritu gemelo" de Miguel de Cervantes, un "rupturista" y un poeta "esencial" y desnudo de adornos".
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