Hace medio siglo la Universidad de Lima comenzó la historia de lo que es hoy.

Una botella de champagne se rompió. El licor se derramaba por el nuevo suelo de la recién inaugurada Universidad de Lima. El 25 de abril de 1962 abrió sus puertas a 120 alumnos con los que comenzaba sus clases. “Hoy se abre una nueva casa de estudios con futuro”, dijo Antonio Pinilla, primer rector.
Dos facultades eran las que albergaban a los alumnos en sus inicios. Jesús María era el distrito que se jactaba de que la de Lima estuviera en su territorio. El Campo de Marte tenía de placer de observarla todos los días.
Pronto tuvo que ampliar el campus. La cantidad de personas deseosas por estudiar aquí crecía cada día. Cuatro años más tarde abrió una nueva sede de 40 000 m² en Santiago de Surco. “Es la universidad más bonita de la ciudad”, decía una nueva estudiante.
Nuevos pabellones, nuevos profesores, nuevos alumnos. La de Lima olía a nuevo. Lo bueno de todo esto es que siempre se conservó así.
Ahora, trascurridos 50 años desde su fundación, casi ha cuadruplicado su extensión y su número de alumnos y egresados. Pero lo más importante es que ha podido multiplicar por millones la satisfacción de educar a gente que tenía el deseo de triunfar. Hoy podemos celebrar con una nueva botella de champagne.






